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Publicación2019-01-10T10:45:29-03:00
​Proteínas y daño renal

​Proteínas y daño renal

Diciembre 2018 por Jorge Roig

Más o menos como hablar de ácido láctico y umbral anaeróbico

Quienes estamos en la tarea profesional de orientar a la gente hacia la calidad de su salud a través del ejercicio, tenemos suficientemente en claro dónde está el tejido muscular en esta historia y, muy especialmente, como se deteriora tan solo por vivir y qué caminos debemos ayudar a tomar para controlar este serio perjuicio.

Para muchos profesionales mediáticos, atender la salud alcanza con hacer algo, y para los más osados prescriptores, caminar y bailar hasta son exigencias que casi lindan con el alto rendimiento. En todo esto, pensar en proteínas (PR) es imaginarse la carne de vaca, pollo, huevos y por allí, todo lo demás que venga en polvo está más cerca del doping que de la protección del músculo y, por carácter transitivo, lejos de la salud y la calidad de vida. Y en línea de perjuicios, el daño hepático y renal por el consumo de estos “polvitos” es un punto que no merece discusión entre estos intelectuales de las ciencias biológicas. Así entonces, prohibirlos es casi inevitable.

Analizado esto de una manera general, podemos decir que el sustento de que las PR afectan la función renal principia en latesis basada en que el consumo persistente de una dieta alta en ellas (DAPR), se vincula con una carga de soluto renal como urea, siendo ello un paso previo conducente a una hiperfiltración compensatoria que acabará en daño glomerular y ,finalmente, en falla renal, tal como lo afirmó Brenner y colegas (Brenner BM, et al. Dietary protein intake and the progressive nature of kidney disease. N Engl J Med 1982). Desde esta premisa, se daba por recomendación primaria una dieta baja en proteínas (0,6g a 0,8g/kg/día) para intentar mejorar las anomalías que generaba la enfermedad renal crónica (ERC) (Levey AS, et al, The Modification of Diet in Renal Disease Study Group Dietary protein restriction and the progression of chronic renal disease: what have all of the results of the MDRD study shown? J Am Soc Nephrol 1999). De interés acá es que trabajos recientes al respecto no mostraron beneficio alguno con esa restricción proteica, incluso en las personas con ERC.

A pesar de lo anterior, algunos sostienen que el aumento de la ingesta de PR en individuos sanos sin ERC causará daño renal, más tarde o más temprano. Sin evidencia lanzan esa máxima, pero con ese poder propio de los Dioses del Olimpo, aunque sin el monte, claro. Resulta hasta alarmante que aun perdure esa teoría llevada a verdad de Perogrullo a pesar de que no existe un vínculo probatorio que asocie el aumento de la ingesta proteica y su rol causal en el daño renal en individuos sanos, tal como ha sido documentado (Joint WHO/FAO/UN University Expert Consultation Protein and amino acid requirements in human nutrition. World Health Organ Tech Rep Ser 2007).

En un número importante de estudios que analizaron el filtrado glomerular (FG) los autores documentan que en los seres humanos en respuesta a la alimentación con proteínas se produce una hiperfiltración glomerular (HFG) a nivel de todo el riñón como resultado del aumento del flujo sanguíneo renal (Martin W, et al. Dietary protein intake and renal function. Nutr Metab2005). En las investigaciones que han observado el agravamiento por HFG, los individuos que presentaban ERC tenían un número elevado de nefronas lesionadas, lo que agudiza el hiperfiltrado en otras y con ello el potencial daño en ellas. Interesantemente, la capacidad de aumentar la tasa de FG en respuesta a la alimentación proteica, conocida como reserva funcional del riñón, es una función adaptativa normal del órgano para aumentar el aclaramiento del soluto en respuesta a un aumento de la carga del mismo. Es importante destacar que esta respuesta adaptativa no representa un factor de riesgo para el desarrollo de la ERC, tal como lo señala Martin y colegas (Martin W, Armstrong L, Rodriguez N. Dietary protein intake and renal function. Nutr Metab 2005).

Respecto a lo anterior, y casi paradojalmente, la tasa de FG aumenta un 65% durante el embarazo (Conrad K. Mechanisms of renal vasodilation and hyperfiltration during pregnancy. J Soc Gynecol Investig 2004) pero no incrementa ello el riesgo de enfermedad renal, viéndose esto como un mecanismo adaptativo al momento de la gravidez (Calderone J, Zadshir A, Norris K. A survey of kidney disease and risk-factor information on the World Wide Web. Med Gen Med 2004).

Como un muy significativo aporte para aclarar bastante mejor el tema de las proteínas y su potencial daño renal, recientemente Deetman y su equipo mostraron la existencia de una correlación negativa entre a ingesta de proteínas y la mortalidad y la falla del injerto en individuos de peso normal, lo que sugiere según los autores,un efecto protector del consumo de proteínas en la salud renal. (Deetman PE, et al. Urinary urea excretion and long-term outcome after renal transplantation. Transplantation 2015). Así y tal como señala Martin (citado antes), hasta la fecha no hay evidencia que vincule la ingesta HP a la enfermedad renal en personas sanas o con riesgo de enfermedad renal debido a condiciones preexistentes, como obesidad, hipertensión o dislipidemia. Esto es, y para considerarlo debidamente, ni siquiera es de riesgo en quienes tienen patologías como las mencionadas, que curiosamente, están entre las que con más frecuencia se nos presentan para tratarlas y que nos llegan con la contraindicación del suplemento proteico. Infelizmente para el caso, son todos padecientes de sarcopenia.

Finalmente acá, y tal como afirman Devries y colegas literalmente, estos hallazgos están en línea con las declaraciones de la OMS (WHO; FAO; UN University Protein and amino acid requirements in human nutrition: report of a joint FAO/WHO/UNU expert consultation. World Health Organ Tech Rep Ser; 2007) y del Instituto de Medicina ( Institute of Medicine Dietary Reference Intakes for energy, carbohydrate, fiber, fat, fatty acids, cholesterol, protein, and amino acids. Washington (DC): National Academies Press; 2005) sobre la ingesta de proteínas y la función renal (Phillips S, Chevalier S, Leidy H. Protein “requirements” beyond the RDA: implications for optimizing health. Appl Physiol Nutr Metab 2016). Y también se afirma que no hay un vínculo probatorio que muestre que la ingesta de HP de alguna manera conduzca a disminuciones en la función renal en personas sanas, incluso en poblaciones con mayor riesgo de disminuciones en la función renal como aquellas con diabetes tipo 2. Y el mismo Devries dice que “Dadas las ventajas propuestas de consumir dietas HP para 1) promover la hipertrofia muscular durante el entrenamiento de fuerza, 2) la pérdida de peso graso durante la restricción de energía y 3) el mantenimiento de la masa muscular durante el envejecimiento, el hallazgo de que una dieta HP no afecta negativamente la función renal es relevante”.