Sindrome de desnutrición-sarcopenia

Sindrome de desnutrición-sarcopenia

Jorge Roig (marzo 2018)

Un número elevado de profesionales del área de la Medicina y la Nutrición no escatiman esfuerzos en comentarnos que la alimentación saludable es aquella que nos llena la vista de vegetales en sus más variadas presentaciones. Frutas y verduras parecen constituir la pócima diaria que garantiza la salud orgánica. Lamentablemente, al igual que aquellos mensajes de “al menos muévase”, el “comer saludable” parece ser posible solo cuando los ojos se nos llena de colores provenientes de los vegetales que deberían, según ellos, transitar nuestro tubo digestivo como elección primaria. Errores si los hay, con esta cerrada afirmación.

Hasta hace muy poco la sarcopenia fue descrita como un problema que presentan los adultos mayores y que se expresa como una pérdida más o menos importante de la masa muscular. Sin embargo últimamente se advierte que limitar la sarcopenia a la reducción de dicho tejido es tener una visión muy parcial de un sindrome que no se circunscribe tan solo a la disminución de músculo. Porque se ha visto que quienes la padecen además tienen pérdida de fuerza y su capacidad funcional disminuida, afectándose incluso fuertemente la aptitud para ser autosuficiente para las actividades de la vida diaria (AVD). Así y por esto último, la dependencia de terceros surge como una condición ineludible, lo que agrava el cuadro porque ello afecta la autoestima, asomando la depresión entonces como un condimento que agrava seriamente el cuadro orgánico y psico-emocional que puede tener el peor de los finales.

No es nuevo que uno de los aspectos centrales que conducen a la sarcopenia es la pérdida del equilibrio proteostático, donde el catabolismo proteico supera al anabolismo. Si bien no es el aspecto que motiva el desarrollo de este artículo, vale recordar que cuando la degradación proteica muscular supera a la síntesis de proteínas, el resultado final es la pérdida de la masa músculo-esquelética. Y en esta cuestión, y aun considerando que el catabolismo proteico bien puede ser la consecuencia de varios factores como por ejemplo la resistencia anabólica, también es acertado afirmar que un aporte insuficiente de proteínas acaba por desequilibrar la ecuación hacia el lado de la pérdida de tejido muscular, con lo que la sarcopenia puede ser el resultado indeseado del referido proceso.

Recientemente se ha acuñado, a partir de la propuesta de Vandewoude y colegas, un nuevo concepto, el de sindrome de desnutrición-sarcopenia, el que obvio está decirlo expresa dos problemas que pueden presentarse en la misma persona, la desnutrición y la sarcopenia (Vandewoude et al. Malnutrition-Sarcopenia Syndrome: Is This the Future of Nutrition Screening and Assessment for Older Adults? J Aging Res. 2012). Respecto de ello y en el conocimiento que es frecuente que las personas de edad avanzada presenten algún grado de desnutrición y también de sarcopenia, distintos investigadores han planteado la hipótesis de que esto podría manifestarse como un mayor riesgo de mortalidad si se mostraran juntas, ya que se sabe que, de facto, tanto la denutrición como la sarcopenia, por sí solas, incrementan el riesgo de muerte en los adultos mayores.

Algunos trabajos actuales han demostrado que las personas que tienen sarcopenia manifiestan reducciones en la fuerza. Llamativamente, ello también se aprecia en las personas que están desnutridas, tal como lo documentan Norman y su equipo en un reciente trabajo de investigación (Norman K, et al. Hand grip strength: outcome predictor and marker of nutritional status. Clinical Nutrition. 2011).

Es importante destacar acá que la desnutrición y la sarcopenia se asocian con una mayor mortalidad. Pero también vale resaltar lo demostrado hace pocos años por Han y colegas, quienes observaron que en adultos mayores una mayor masa magra e índice de masa magra (masa magra/altura al cuadrado) predijo una menor mortalidad con una reducción del 85% en el riesgo. Ello los lleva a concluir que estos cambios son mejores predictores de mortalidad en adultos mayores, y destacan por ello el papel de la pérdida de masa muscular en la definición de desnutrición ( Han S, et al. Lean Mass Index: A Better Predictor of Mortality than Body MassIndex in Elderly Asians. J Am Geriatr Soc 2010). Y aquí, justamente, la desnutrición que arrastre la pérdida de masa muscular involucra, necesariamente, una insuficiente ingesta proteica conduciendo a un limitado anabolismo, pero con un potenciado catabolismo del referido macronutriente.

Considerando lo anterior, parece oportuno mencionar acá el trabajo de Cooper y colaboradores, los que en los resultados de un metanálisis recientemente concretado muestran que la disminuida fuerza de agarre, la velocidad reducida al caminar y el levantarse con lentitud de la silla, son predictores de mortalidad por todas las causas en las poblaciones ancianas (Cooper R, et al. Objectively measured physical capability levels and mortality: systematic review and meta-analysis. British Medical Journal. 2010). De esta manera, es posible afirmar que la pérdida de la función asociada con la sarcopenia y la malnutrición son factores de riesgo que comprometen la vida misma.

Por lo señalado hasta acá, resulta de sumo interés tener presente que la sarcopenia propia del envejecimiento tiene una alta correlación con la pérdida de fuerza. Y que esa reducción del tejido muscular en las edades avanzadas de la vida también se asocia a malnutrición, especialmente proteica.

De considerar, finalmente, es que la pérdida de fuerza con el envejecimiento genera disminución de la masa muscular, resaltando Frontera sobre este punto que se pierde más fuerza que músculo en la misma cantidad de tiempo (Frontera WR, et al. Skeletal muscle fiber quality in older men and women. American Journal of Physiology. 2000). Siendo así, entrenar la fuerza asociada a un aporte proteico adecuado bien puede ser una estrategia de elección para combatir dos graves problemas que aquejan a toda persona que envejece. Porque de no considerarse esto, infelizmente el músculo se pierde, la grasa se incrementa, la alimentación se pinta de colores desproteinados y el viejo muere por mala atención profesional.