​La hipertrofia muscular

​La hipertrofia muscular

Un fenómeno de adaptación fisiológica tan desconsiderado como poco conocido en sus principios básicos, con fuertes implicancias sobre la salud y calidad de vida

Jorge Roig (mayo 2018)

Comprender el fenómeno del crecimiento de la masa muscular implica admitir, prima facie, que el mismo es la respuesta adaptativa del músculo a un estímulo que se aplica con cierta frecuencia y que supera la capacidad de respuesta eficaz y económica. Visto así, los fenómenos que favorezcan la eficiencia contráctil y energética de la masa muscular comprometida se traducen en la multiplicación de sarcómeros por adaptación al estímulo, logrando con ello garantizar calidad en la respuesta muscular y una mayor economía energética con menor reclutamiento final de unidades motoras. De tener siempre presente que los sarcómeros son las estructuras definidas como las unidades funcionales del músculo, constituidos por proteínas específicas al tipo de fibra muscular que se trate y afectados directamente durante el proceso de contracción muscular, fenómeno que los afecta al límite de la degradación de sus constituyentes proteicos. Así, según la magnitud del compromiso sarcomérico será el tamaño de degradación de los mismos, lo que definirá una respuesta anabólica que se corresponderá con el grado de fuerza generado para vencer la resistencia que se oponga.

Es bien conocido que el aumento de la masa muscular es el resultado de una tasa de síntesis proteica incrementada en relación a la degradación de proteínas del referido tejido. Y es aquí donde entra en juego un conocimiento básico del territorio de la fisiología del ejercicio y el entrenamiento deportivo, y es el que advierte que la degradación proteica en el músculo es la consecuencia inevitable en situación de trabajo muscular, y que la resíntesis de lo degradado depende linealmente de que lo que se aporte de nutrientes para dicho anabolismo, siendo que este deberá superar a lo catabolizado. De esta manera, la ecuación resultará favorable al objetivo en tanto y en cuanto la reposición de proteínas supere holgadamente a las que se han degradado en el ejercicio. Comprender esto es fulcral, porque su entendimiento da algunas respuestas a las razones que definen las causas de la hipertrofia muscular. Para el caso, y analizando lo anterior, debe darse por aceptado que la calidad del estímulo nervioso de tipo hipertrófico está vinculada a las unidades motoras reclutadas, las que para el caso son las fibras rápidas tipo 2 (FTII). Y ello debido a que la característica ultraestructural de la miofibrilla es la que garantiza la respuesta buscada, esto es, generar una magnitud de tensión que posibilite vencer la carga a desplazar. En este caso, el tipo de proteína sarcomérica allí presente asegura que ello acontezca. Veamos algo sobre esto.

Respecto a los distintos tipos de proteínas que presentan las miofibrillas, la miosina tiene isoformas, las que se definen como cadena pesada de miosina (MHC), adquiriendo las formas lenta, intermedia o rápida. En este punto, es sabido que la fuerza y la velocidad de contracción muscular están determinadas por la abundancia relativa de miofibras que expresan cada isoforma. De esta manera, es dable pensar que las fibras rápidas tienen sus propias y específicas MHC constituyendo los sarcómeros, por lo que para crear más de estas unidades funcionales que se integren a los ya existentes, el estímulo deberá provenir de una motoneurona específica que active las FTII y que esto lo haga de tal manera que logre que en ellas se demuestre la incapacidad sarcomérica para dar una respuesta eficaz para vencer la resistencia elevada que se intente desplazar. Así, la masa a movilizar generará un estímulo de tipo centrípeto que active motoneuronas, siendo este el que, una vez alcanzado el músculo, desencadene un reclutamiento de sarcómeros para concretar la respuesta existosa. La sistemática demostración al músculo de su ineptitud para tal cometido, esto es, superar con alguna comodidad la oposición de la carga, se convierte en el desencadenante del estímulo anabólico adecuado para multiplicar proteína sarcomérica y consecuentemente sarcómeros, todo esto, para el caso ejemplificado, en las FT2.

Debido a que para multiplicar sarcómeros por entrenamiento hipertrófico debe contarse localmente con mayor cantidad de proteínas de las existentes previamente, algunas consideraciones deben tenerse en cuenta al momento de tenerse como objetivo la hipertrofia del músculo. Así por caso, una información de sumo interés sobre el crecimiento muscular es que, estudiando el metabolismo proteico en humanos, se encontró que la síntesis de proteínas se incrementó incluso hasta 48 horas después de una sesión de entrenamiento (Phillips SM, et al. Mixed muscle protein synthesis and breakdown after resistance exercise in humans. Am J Physiol.1997). Dado que la degradación también aumentó, ello generó un desequilibrio a favor del catabolismo, el que solo logró revertirse cuando se combinó una ingesta proteica adecuada, favoreciendo ello una ganancia neta de proteína. Esto finalmente documenta que el entrenamiento de fuerza, en sí mismo, es un activador anabólico, pero también acentúa el desequilibrio porque no se detiene el catabolismo. Ello solo se modifica frente al consumo simultáneo de proteínas. (Tipton KD, et al. Postexercise net protein synthesis in human muscle from orally administered amino acids. Am J Physiol.1999).

En línea con lo anterior Tipton mostró que la ingesta de una mezcla de aminoácidos o un hidrolizado de proteínas, consumido después de un ejercicio de fuerza, estimula la tasa de síntesis de proteína en el músculo humano y conduce a un balance proteico positivo, es decir, a un anabolismo superior al catabolismo generado por el propio esfuerzo (Tipton KD, Elliott TA, Cree MG, Wolf SE, Sanford AP, Wolfe RR. Ingestion of casein and whey proteins results in muscle anabolism after resistance exercise. Med Sci Sports Exerc.2004). Concordante con esto, Levenhagen y colaboradores comprobaron que la ingestión de proteína directamente después del ejercicio de fuerza estimuló la síntesis en el período de recuperación, encontrándose un balance proteico positivo en la musculatura en las piernas. Sin embargo cuando el mismo batido proteico se concretó 3 h después de terminado el ejercicio, la síntesis de proteínas no se vio estimulada (Levenhagen DK, et al. Postexercise nutrient intake timing in humans is critical to recovery of leg glucose and protein homeostasis. Am J Physiol Endocrinol Metab.2001)

En cuanto a consumir proteína sola o asociada a LEU, en un reciente trabajo realizado en humanos por Koopman y su equipo, los autores mostraron que la adición de LEU a un hidrolizado proteico condujo a una mayor estimulación anabólica que la ingesta del mismo batido sin LEU después de un entrenamiento de fuerza (Koopman R, et al. Combined ingestion of protein and free leucine with carbohydrate increases postexercise muscle protein synthesis in vivo in male subjects. Am J Physiol Endocrinol Metab.2005).

Como se puede ver, aumentar la masa muscular reclama al menos de dos consideraciones básicas, entrenar afectando los sarcómeros específicos que se quieren multiplicar y, asociado a ello, aportar en el momento oportuno las proteínas y aminoácidos que garanticen la multiplicación de sarcómeros en la fibra involucrada.

En función a lo expuesto entonces, y 1) considerando que el sedentarismo, el envejecimiento, la obesidad, la diabetes y muchas otras patologías generan sustancialmente pérdida de fibras rápidas (Fast Twitch fiber o FTF) y no de lentas ((Slow twitch fiber o STF), 2) seguir proponiendo la activación de estas últimas por ejercitaciones como las caminatas, natación o bicicleta, por ejemplo, facilitando aun más la pérdida de las FTF, 3) asociar a la persona a una dieta baja en calorías y/o pobre en proteínas, inclinando fuertemente la balanza hacia el catabolismo proteico y con ello de pérdida de masa muscular, y 4) sembrar el mensaje de oposición al entrenamiento de fuerza por los imaginarios efectos negativos del mismo como del no consumo de suplementos proteicos en defensa de los riñones, es al menos presentarse en sociedad como un profesional ubicado cómodamente en su zona de confort, conquistada con conocimientos de hace al menos 60 años y de la cual ha decidido no salir, dejando a las personas plenamente vulnerables a la pérdida de la calidad y cantidad de vida.