La caminata en la obesidad

La caminata en la obesidad

Cuando las razones para no prescribirla tienen suficiente sustento desde la investigación científica (Julio 2018)

Resulta incuestionable que caminar es fundamental para poder concretar eficazmente las actividades de la vida diaria y mantener cierta independencia. El tener reducida esta aptitud es un problema que alcanza incluso preocupaciones a nivel de salud pública en algunos países. El tema central es si el caminar, sin considerar otros aspectos de significativa relevancia, tiene el peso suficiente como estímulo fisiológico para generar adaptaciones que garanticen la calidad de vida deseada. Porque está claro que quien habitualmente no camina y cambia su actitud al respecto iniciándose en esa actividad, algunos beneficios funcionales se obtienen. Pero el análisis no puede basarse en ver a la caminata como estímulo fisiológico adecuado, sino en comprender que es la ausencia del mismo el generador de involución fisiológica. O sea, comprender que lograr no empeorar no lleva implícito la lectura de un beneficio, porque ese no es el caso. Este es el punto que parece no lograr comprenderse. Relativamente a ello, habría que ver si en verdad caminar ayuda o son los perjuicios que se instalan por no hacer nada lo que genera un agravamiento de las funciones orgánicas. Y aquí la diferencia es mucha a la hora de ponderar a la marcha. Veamos al respecto.

Cuando se observa las propuestas que emergen normalmente desde el territorio de las Ciencias Médicas, la caminata es casi una obligada actividad indicada para los adultos obesos con el objetivo de mejorar la salud y la pérdida de peso. En este punto, las propuestas están publicadas suficientemente desde algunas entidades que se precian de ser importantes a los fines de tener orientaciones al respecto (CDC. U.S. department of health and human services. 2008 physical activity guidelines for americans.Atlanta, GA: Centers for Disease Control and Prevention (CDC), National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion; 2008).

A pesar de lo anterior, hay bastante evidencia que caminar no es justamente una actividad fácil de concretar en los sujetos obesos (SOb), donde el dolor músculo-esquelético es un factor limitante, tal como lo ha documentado Leboeuf-Yde y colaboradores (Leboeuf-Yde C, et al. Low back pain and lifestyle. Part II--Obesity. Information from a population-based sample of 29,424 twin subjects. Spine (Phila Pa 1976) 1999). Pero ellos no son los únicos, porque también se han expresado Sowers y colegas, advirtiendo que la enfermedad articular obstructiva representa una limitación importante ( Sowers MR, et al. The evolving role of obesity in knee osteoarthritis. Curr Opin Rheumatol. 2010). Y en línea con las investigaciones al respecto, se han expresado otros como Felson y su equipo,señalando sobre la pérdida de masa muscular que padecen los SOb como consecuencia de un estado fuertemente pro-inflamatorio, generado este por el exceso de tejido graso, lo que le pone un límite más a lo anterior (Felson DT, et al. Osteoarthritis: new insights. Part 1: the disease and its risk factors. Ann Intern Med. 2000).

No es un dato menor, por otro lado, que cuanto más grasa se acumula mayores son los problemas para caminar ya que ello tiene más de una lectura, debido a que no solo hay más grasa y menos músculo en los SOb. Porque a estas 2 realidades se le agregan otros aspectos a considerar, como es que ese excedente graso tiene una localización en puntos concretos que afecta la marcha. Así por caso, se posiciona más adiposidad en los glúteos y entre las piernas, potenciando la fricción, alterando la biomecánica de la marcha y generando irritación local e inflamación, todo lo cual acaba por provocar molestias que terminan en una limitación en la propuesta de desplazarse un tiempo o distancia considerada suficiente para generar adaptaciones. Esto finalmente termina por afectar fuertemente también la aptitud aeróbica. Porque los muestra con un VO2máx. empobrecido, lo que los lleva a un cansancio rápido y entonces la caminata ya no es algo apreciado por el sujeto que padece obesidad, tal como lo refiere de Souza (de Souza SA, et al. Gait cinematic analysis in morbidly obese patients. Obes Surg. 2005).

Otro aspecto de gran relevancia y prácticamente ignorado, es que la problemática de la obesidad afecta lo metabólico energético, porque el SOb acumula triglicéridos en los músculos provocando ello esteatosis muscular, especialmente en las fibras lentas, lo que incapacita la vía de utilización de grasas a nivel mitocondrial, estimulando entonces el uso de fibras rápidas con inexorable utilización de la vía energética glucolítica. O sea, caminan consumiendo glucosa (la evidencia es fácil de documentar, se agitan rápido, demostración metabólica de ello).

Como si poco fuera, en la población más castigada por el exceso de tejido graso, que son aquellos que padecen obesidad mórbida, esta problemática se multiplica exponencialmente porque la caminata es en sí misma un factor limitativo desde lo biomecánico como se dijo antes, caminando muy poco estos sujetos para alcanzar un nivel de estrés que los obliga a parar reiteradamente cuando comienzan a desplazarse, algo que ha sido también expresado suficientemente por Poirier (Poirier P, et al. Bariatric surgery and cardiovascular risk factors: a scientific statement from the American Heart Association. Circulation. 2011).

Otro factor que pareciera estar reducido en importancia a la hora de mandar a alguien a caminar está en la desconsideración de la velocidad de la marcha como factor independiente en la incidencia de su vínculo con la expectativa de vida. Al respecto, se ha dado evidencia que el riesgo de mortalidad tiene una relación inversa con la intensidad de desplazamiento, advirtiéndose que el mismo aumenta cuando la velocidad medida en ciertas distancias arroja los siguientes resultados: 1) se caminan 10 metros en más de 8 segundos, 2) se concreta menos de 400mts en 6 min, este último conocido como Test de los 6 minutos o, finalmente, o 3) se demora más de 24 minutos en recorrer 1600 metros (Williams P. Et al. The Relationship of Walking Intensity to Total and Cause Specific Mortality. Results from the National Walkers’ Health Study. Plos One 2013).

De las evidencias y conclusiones científicas que existen al presente, las que son muchas más incluso de las aportadas acá, al menos merecen estas ser colocadas en el contexto correcto, en el que sin dudas debe estar el sujeto incluido de manera de tomar decisiones desde él y no sobre él. Esto es, aplicar el estímulo mirando primero al sujeto y no a la actividad.

Para reflexionar…