​El HIIT en el abordaje de la obesidad

​El HIIT en el abordaje de la obesidad

El problema no es si debe elegirse, sino cómo lo instrumentamos y cuándo. (agosto 2018)

Durante décadas se han sugerido los ejercicios aeróbicos para tratar la obesidad (OB), y entre las diferentes formas de ellos, se ha dado especial preferencia a la prescripción de los de tipo continuos, dominados por la baja intensidad y larga duración.

En los últimos años, sin embargo, la propuesta desde la ciencia ha cambiado al punto de plantearse como mejor elección aquellos que se definen como de alta intensidad y breve duración, realizados de forma interválica. Visto así, la propuesta es casi una oposición a las formas de exigencias tradicionales, pero igualmente el metabolismo dominante es necesariamente el mitocondrial.

Si bien esta nueva sugerencia en cuanto a práctica incluso es una propuesta actual de la OMS (Global Recommendations on Physical Activity for Health . WHO Guidelines Approved by the Guidelines Review Committee. Geneva 2010), para los sujetos con OB no es algo simple de poder realizar ya que las personas con esta patología normalmente presentan limitaciones, tanto físicas como fisiológicas (Lidegaard LP, Schwennesen N, Willaing I, Faerch K. Barriers to and motivators for physical activity among people with Type 2 diabetes: patients' perspectives. Diabet. Med. 2016).

Definit al HIIT implica enrolarlo en un modelo de tipo interválico, o sea no continuo, dado que sería prácticamente imposible ejecutarlo a tan alta intensidad por un tiempo prolongado sin entrar en una fatiga anticipada que obligara a la detención. En este caso el recurso metabólico utilizado, el glucógeno muscular, sería responsable de una fatiga anticipada por la velocidad de degradación de la glucosa con fuerte acumulación de piruvato, protones, e iones formato.

El HIT se realiza con intensidades superiores al 80% del VO2máx, ejecutándose sobre tiempos de trabajo que normalmente se extienden alrededor de 1 minuto y que se acompañan de pausas de recuperación amplias, de entre 3 y 5 minutos según algunos autores, como Gibala y McGee (Gibala MJ, McGee SL. Metabolic adaptations to short‐term high‐intensity interval training: a little pain for a lot of gain? Exerc. Sport Sci. Rev. 2008).

Varios son los beneficios declarados que provoca el HIIT en sus practicantes, algunos vinculados al rendimiento, como es la mejora de la aptitud aeróbica, pero también se han observados en el incremento de la sensibilidad a la insulina, tal como lo refiere Nybo y colegas (Nybo L, et al. High‐intensity training versus traditional exercise interventions for promoting health. Med. Sci. Sports Exerc. 2010).

Lamentablemente no hay acuerdo terminológico entre los investigadores, lo que ha sembrado una enorme confusión dado que han llamado HIIT a trabajos que no son interválicos en su esencia sino intermitentes. Para ejemplo y para el caso, hay autores que sostienen, textualmente, que “varios estudios han mostrado resultados similares o mejores con respecto a la reducción de peso después de una intervención HIIT en comparación con el entrenamiento continuo de alto volumen”. Sin embargo cuando uno se remonta a los trabajos citados, figura por ejemplo el siguiente: “High-intensity intermittent exercise and fat loss”, de Stephen H. Boutcher, J Obes . 2011). De la lectura del mismo, aunque ya el título lo advierte, surge que en verdad y en su esencia, no es HIIT sino HIIE, o sea ejercicio intermitente de alta intensidad. Y esto no hace solamente a la denominación, porque los autores plantean el tipo de trabajo que implica sprint cortos repetidos, seguidos de descanso o de un ejercicio de baja intensidad. Aquí los tiempos de sprint como los de recuperación, van desde los 6 segundos a los 4 minutos, y a una intensidad superior al 90% del VO2max.

Como puede apreciarse, al HIIT y al HIIE se los mencionan como siendo la misma cosa pero en verdad no lo son, porque el impacto metabólico de 6 segundos de esfuerzo por lo general implica breves carreras cortas repetidas seguidas de ejercicio o descanso de baja intensidad. La duración tanto del sprint como de los períodos de recuperación varia desde 6s hasta 4min, y a una intensidad superior al 90% del consumo máximo de oxígeno (V˙O2max). Evidentemente la intensidad de los 6s no se equipara la de uno de 60 segundos, aunque la velocidad e intensidad sean la misma. Porque el tiempo metabólico tiene su rol protagónico y sus consecuencias son claramente diferente. Estas son las cosas que la ciencia parece aun estar aun carente absolutamente de conocimiento al unificar términos y modelos de ejercitación.

Boutcher sostiene también que el HIIT puede reducir el peso graso debido a que promueve la oxidación de grasas en un período de tiempo más corto, pero también aumenta la misma luego del ejercicio, generando además una disminución del apetito con posterioridad al mismo.

La confusión que siembran muchos estudios entre los lectores es que la mayoría que han mostrado pérdida de tejido graso por HIIT no se realizaron en una población de sujetos con OB. Además, y no es un dato menor, existe una gran variación en los protocolos de ejercicio utilizados en estos estudios, por lo que replicarlos sin especificar la exactitud del ejercicio puede llevar a conclusiones parecidas, pero con trabajos muy diferentes.

Lo que se puede concluir hasta el presente, es que el entrenamiento de alta intensidad es superior al de baja intensidad en la procura de la mejora de la aptitud aeróbica, con cualificación del VO2max. Además, el HIIT mostró un efecto directo del entrenamiento de alta intensidad sobre la oxidación de grasas, algo ya confirmado también por otros trabajos como el de Trapp y colegas ((Trapp EG, Chisholm DJ, Freund J, Boutcher SH. The effects of high‐intensity intermittent exercise training on fat loss and fasting insulin levels of young women. Int. J. Obes. (Lond) 2008). Estos investigadores dieron evidencia de una reducción significativamente mayor en la grasa subcutánea en mujeres jóvenes sanas que realizaron HIIT a razón de 3 veces por semana durante 15 semanas, cuando fueron comparadas con un entrenamiento continuo.

Se puede concluir que el HIIT es un modelo de ejercitación que ha dado muestras de ser plenamente confiable para la conquista de los objetivos de mejoras en el perfil graso, pero también en el abordaje de patologías metabólicas como la diabetes tipo 2. Incluirlo en la elección de lo que debe darse no debe representar una duda, sino cuándo hacerlo es el punto a descubrir. Lo importante es tener en claro que primero hay que ganar masa muscular, luego sí entrar en un proceso metodológico que permita lenta, y progresivamente, incorporar a la persona al HIIT, el que ha mostrado incluso mejor adherencia que las formas continuas.

Y algo no menos importante, este tipo de ejercicios puede hacerse no solo transportando el propio peso corporal. La bicicleta, el remoergómetro y otros ergómetros son muy útiles para el mismo objetivo.

Para reflexionar…